Una charla con Marta Eloy Cichocka

Marta Eloy Cichocka (Cracovia, 1973). Reúne varias pasiones en un conjunto sumamente original. Poeta y fotógrafa, traductora de Calderón y Racine, Juarroz y Gelman, investigadora con el título de Doctora en Filología Hispánica otorgado en París, enseña literatura española e hispanoamericana en Cracovia y en Varsovia. Es autora de tres libros de fotografías y textos poéticos: “Wejście ewakuacyjne” (“Entrada de emergencia”), “Lego dla ego” (“Lego para el ego”) y “Ślady opon na poduszce” (“Huellas de neumáticos en la almohada”), y de un libro teórico sobre la nueva novela histórica: “Entre la nouvelle histoire et le nouveau roman historique. Réinventions, relectures, écritures” (Paris, L’Harmattan). Ganadora del I Premio del Concurso Nacional de Poesía “Halina Poświatowska” (2004), becaria del Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional de Polonia (2007), participó en exposiciones individuales y colectivas, y en diversos festivales de poesía en Polonia, Francia y México.


Después de la lectura de algunos de tus poemas pude identificar la primacía del concepto del tiempo y la repetición
fonética como recursos poéticos.  ¿Cuales son aquellos mecanismos o artificios con los que construyes tu poética actual?

Me baso en la repetición de las palabras, conceptos o ideas. Por ejemplo, la palabra “czas” (tiempo) que mencionas. Yo juego con la reiteración de una misma palabra  cambiando su sentido original. Dependiendo de la expresión se cambia la combinación de fonemas, lo cual se complica al comento de la traducción ya que no siempre funciona. Por ejemplo, cuando tienes la palabra tiempo y luego te quieres referir al tiempo de la literatura o al tiempo de la temperatura,  la connotación cambia. Aunque tenga el mismo sonido, en polaco, el significado cambia según el contexto.  Lo que a mí me interesa es buscar  palabras que tengan diversas significaciones y acepciones.  Me gusta también darme cuenta en qué medida las palabras que utiliza un poeta influyen en el mensaje y cómo son interpretadas por el lector, aquí se abren muchas posibilidades.

 Yo soy muy lenta en mi trabajo, cuando escribo, tengo la idea parcial de a dónde me dirijo pero sin mucha consciencia de cómo llego a ese punto. Entonces, en aquel poema sobre la escritura me impuse el reto del tiempo; me tardé 66 minutos, fue un ejercicio para saber cuánto tiempo me tomaría escribir algo de manera veloz pero en realidad me doy varios meses para escribir y terminar mis poemas. El problema es que trabajo cada vez más, tengo cada vez menos tiempo para mí y mi reflexión. El poema lo escribí hace varios años pero en realidad no ha cambiado nada excepto que ahora tengo dos hijos y cada vez menos tiempo.

Fotografía: Azul Ramos

¿Cómo trabajas el lenguaje dentro de estos procesos que explicas?

Me interesa mucho la palabra metafórica. Me encantan las metáforas muertas, es decir, las metáforas que ya nadie distingue como tales debido a su cotidaneidad. Por ejemplo “la boca del metro”. Tengo muchos poemas en los que aquella boca del metro  engulle y te devora, realmente me gusta recurrir a esta figura retórica que es denominada como “catacresis”, o sea, el lenguaje manipulado que se utiliza como una expresión natural sin advertir la metáfora. Si miras alrededor de ti puedes darte cuenta de que cada lenguaje y cultura tienen sus propias metáforas muertas, la tarea del poeta es revivirlas, darles la oportunidad de que se abran.

Tras el amplio panorama que nos mostraste sobre los poetas polacos, ¿podrías decir que la tradición decimonónica influye en tus procesos creativos?

Es una pregunta muy interesante,  si tengo algunas influencias de finales del XIX y principios del XX pero no precisamente de la poesía polaca sino de la poesía francesa.

Marta Eloy Cichocka & Marcin Oles. Cierre de ENCLAVE 2016, Centro Cultural de España en México

Por ejemplo, cuando descubrí lo que escribía Baudelaire o Rimbaud, fue un impacto muy fuerte sobre mi concepción poética. Al principio los leía en traducciones y después en francés, aprendí la lengua bastante rápido para poder leer a estos autores. Entonces, me parece que tengo una mayor impresión de los poetas decimonónicos franceses que de los polacos. Por ejemplo, en la escritura del siglo XX hubo un poeta de origen polaco; Apollinaire, su apellido era Kostrowicki pero nadie lo recuerda. El sí que tiene una serie de poemas muy rítmicos y melodiosos (antes de los sus vanguardias y caligramas). El marcó una gran influencia en mi poesía en cuanto al poema visto como una canción. Cuando empecé a escribir intentaba imitar a los grandes y durante muchos años lo que quería era encontrar un estilo y una voz propia lo cual es muy complicado y no sé si hasta ahora lo he logrado.

¿Cuántos años llevas escribiendo poesía y qué edad comenzaste a publicar?

Mi primer poema lo escribí a los doce años, era muy corto, no rimaba y era algo abstracto. Hablaba de amor pero desde mi inexperiencia total, yo me imaginaba una escena de mi futuro. Fantaseaba mucho, escribía sobre mis hijos y sobre todo lo que aún no tenía.

La primera vez que publiqué fue a los 30, eso es importante porque fui incitada por mis amigos que me “Ya basta Marta, te vamos a hace un libro”. Realmente sucedió cuando se me acercó un amigo editor y me pidió que le entregara los poemas que quería publicar pero yo no me explicaba qué quería, no me sentía capaz de discernir que debería entrar en un libro. Así que le di 100 poemas para que el seleccionara alrededor de 30. El título lo inventé yo, se llama “Wejście ewakuacyjne” lo que significa “Entrada de emergencia”, lo cual no existe, siempre hablamos de la salida de emergencia. Quería dar la idea de que, para salvarnos, hay que entrar lo más profundamente posible, sin opción a la salida. Cuando lo publiqué algunos críticos me clasificaron de surrealista.

En tus obras tienes acercamientos directos con diversas disciplinas artísticas, me remito a tu última publicación que dialoga con la fotografía y a tu proyecto sonoro junto con Marcin Oles. ¿Cómo llega a ti esta interdisciplinariedad?

Creo que todo viene a mi muy natural por que se da en el medio en el que me desenvuelvo. La escritura, en el presente, me exige mucho más tiempo. Antes dibujaba pero desde hace 10 o 15 años lo suplí por la fotografía. La foto es más rápida y potencial, si realmente te interesa la fotografía sabes que para lograr la imagen deseada necesitas un control de nivel y de perfección. Con la imagen necesitas pasar mucho tiempo a solas para lograrla. Cada decisión que tomes transforma completamente la imagen, igual que el poema. La fotografía es eso, es el cambio de la apertura, la temperatura, la sensación, es una cuestión de creación. Yo puedo influir en la profundidad, la tonalidad, etc., pero todas son decisiones meramente poéticas.

Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Ciudad de México ENCLAVE 2016

¿En qué forma dialogan la imagen y el texto?

Mis fotografías son como apuntes, hay una diferencia básica entre la práctica cotidiana y los apuntes. Lo que Marcin Oles llamaría su práctica cotidiana de ensayo instrumental son los apuntes y la práctica  es la decisión de llevar tu obra al terreno público. Esa desición no puede ser nada ingenua, en el momento en el que transformas un apunte para ser trasladado al dominio público, conviene un tratamiento especial de la información en la que los materiales separados se vuelven uno mismo. Yo tengo que decidir si voy a compartir mis poemas con el acompañamiento de mi voz o si puede intervenir con otras creaciones u otros artistas. Todo esto depende del entorno y el contexto, por ejemplo, para mi es más interesante leer para tres personas donde yo estoy consciente de que esos tres me están escuchando y compartiendo conmigo el poema y el tiempo. No me interesa leer para 300 personas donde no estoy segura de si alguien me está escuchando o si estoy provocando aburrimiento general. Entonces, ese es mi proceso, manipular los caminos para llevar lo privado a lo público y tomar lo público para transformarlo a mi ámbito privado: el arte.

Entrevista realizada por Danya Villegas

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