Marcelo Díaz

Marcelo Díaz, poeta y operador cultural, nació en Bahía Blanca en 1965. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Sur en integró el grupo de arte público Poetas Mateístas. Colaboró con las revistas Vox, Diario de Poesía, Otra Parte y el sitio Bazar Americano. Coordinó en Ferrowhite, museo ferroviario del puerto de Ingeniero White, junto a Vivi Tellas y Natalia Martirena, el proyecto Archivo White de teatro documental. Integra el comité organizador del Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca.

Ha publicado Berreta, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1998; Diesel 6002 , Vox, Bahía Blanca, 2002; Laspada, El Calamar, Bahía Blanca, 2004; Es lo que hay (poesía reunida), 17 grises, Bahía Blanca, 2010; Blaia, Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2013, y 17 grises, Bahía Blanca, 2015; La estructura del desequilibrio, Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2017.

 

Iglú blanco sobre fondo blanco

 

Existiría la creencia que los esquimales tienen más de veinte palabras distintas para decir veinte tipos distintos de hielo o de nieve.

 

Habría, por ejemplo, una palabra esquimal para decir el hielo que se quiebra ante el menor contacto con un pie pequeño.

 

Otra palabra para la nieve cayendo.

Otra para la nieve cayendo por la noche.

Otra para la nieve cayendo por la noche iluminada por una linterna.

 

Y otra palabra más aún para decir la consistencia esponjosa de la nieve, por la noche, cayendo en la palma de la mano derecha después de habernos quitado el guante de cuero de foca, no sin esfuerzo, con los dientes (porque la mano izquierda sostiene, todavía, una botella).

 

Y así…

 

En una superficie regida por el blanco, el cuerpo y el lenguaje se habrían calibrado como un instrumento de altísima precisión para incubar en el infierno helado de lo mismo un mundo de diferencias, y habitarlo.

 

Ahora bien, la lingüística tiene sus serios reparos sobre todo esto…

 

Problema nº 1

 

¿Cuánto demora un topo en cavar un túnel que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes por la noche, si todos permanecen acostados, el topo avanza a razón de 90 centímetros por hora, cuando de pronto alguien enciende una luz y te pregunta: dormís?

 

Problema nº 2

 

Un topo cava un túnel que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes en un tercio del tiempo que una pareja emplea en buscar razones para seguir juntos. Si tenemos en cuenta que el topo hace el trabajo solo y la pareja se reencuentra después de un par de semanas:

 

a – ¿qué diámetro debiera tener el túnel para garantizar una salida sin problemas?

 

b – ¿en qué piensa cada uno, bajo la ducha, después de haber pasado la noche juntos?

 

Problema nº 3

 

Un topo cava un túnel que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes alternando periodos de excavación y reposo cuya duración coincide con las fases alfa y beta del sueño profundo. Si durante los periodos de reposo el topo duerme y sueña que cava un túnel que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes alternando periodos de excavación y reposo en los que duerme y sueña que cava un túnel que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes alternando periodos de excavación y reposo en los que duerme y sueña que cava un túnel ¿por qué, en el instante previo a cada despertar, el túnel desemboca en una playa en la que alguien saluda a lo lejos?

 

Loing

 

Ser punk era tener un plan B. No había otro secreto, no hay otro secreto. Ser punk era tener a mano un plan B, incluso como alternativa al punk, o mejor, como punto de partida: como sabotaje y éxodo de la fotocopia punk. Ser punk significaba, contra todas las expectativas, elegir el plan B, vivir en la B, hacer de eso una causa. Comportarse como un virus, devenir imperceptible, habitar el punto ciego de la foto familiar, y que el estar fuera de foco fuera la tierra más lejana.

 

A esa conclusión llegamos una tarde de 1982, mientras Mick Jones cantaba Stay free.

 

 

de Blaia, 17grises, Bahía Blanca, 2015

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